Semana del 18 de Enero del 2026

ESTUDIO BÍBLICO

Cuando la Fe duele

Una palabra para quienes fueron heridxs en nombre de Dios

«El Señor está cerca de quienes tienen el corazón hecho pedazos,
y salva a quienes están abatidos.»
(Salmo 34:18)

Para algunas personas, la fe no fue refugio.
Fue herida.

No porque Dios fallara,
sino porque algo se torció en el camino:
palabras duras, silencios culpables, enseñanzas que confundieron control con amor.

A veces la fe dolió en voz alta.
Otras veces, en silencio.
Pero dolió.

Duele cuando creer se vuelve miedo.
Cuando preguntar se siente peligroso.
Cuando amar como eres parece incompatible con Dios.

Ese dolor no es imaginario.
No es exageración.
No es falta de fe.

Es daño espiritual.

Y nombrarlo no es atacar a Dios.
Es empezar a respirar.

Las Escrituras dicen:

«El Señor está cerca de quienes tienen el corazón hecho pedazos,
y salva a quienes están abatidos.»

(Salmo 34:18)

Este texto no explica el dolor.
No lo justifica.
No lo espiritualiza.

Solo dice algo sencillo y profundo:
Dios no se aleja cuando el corazón se rompe.

Eso importa.

Porque a muchxs se les enseñó lo contrario:

  • Que si la fe dolía, era culpa suya.

  • Que si dudaban, algo estaba mal en ellxs.

  • Que si se alejaban, Dios también se alejaba.

Pero el salmo no habla de personas fuertes.
Habla de personas cansadas, abatidas, con el corazón hecho pedazos.

Y dice que ahí, justo ahí,
Dios está cerca.

Desde una teología queer afirmativa decimos esto con claridad:

El dolor espiritual no es una falta de fe.
Es la señal de que algo fue maltratado.

La culpa, la vergüenza y el miedo no nacen solos:

  • Alguien los enseñó.

  • Alguien los repitió.

  • A veces, en nombre de Dios.

Nombrar eso no es falta de respeto.
Es cuidado.

Dios no se ofende por tus preguntas.
No se escandaliza por tu cansancio.
No te rechaza porque te hayas protegido.

Jesús —la Palabra Viva— nunca exigió fe intacta para acercarse:

  • Se acercó a quienes estaban rotos.

  • A quienes desconfiaban.

  • A quienes ya no podían más.

Si una enseñanza te hizo odiarte,
temer a tu propio cuerpo,
o sentir que tu identidad era un obstáculo para Dios,

esa enseñanza no refleja el corazón de Cristo.

Este estudio no quiere empujarte a creer más.
Quiere ofrecerte algo más básico:

  • No estás en peligro.

  • No tienes que defenderte.

  • Puedes respirar.

Tal vez hoy no necesitas respuestas.
Tal vez solo necesitas que alguien diga:

la fe puede doler,
y aun así Dios no se va.

Preguntas de Reflexión para la semana

Para caminar con honestidad y cuidado, en comunidad.

Estas preguntas no buscan conclusiones. Buscan espacios seguros. Puedes responderlas en privado o compartirlas, si lo deseas, en el Grupo de Conexión en Facebook para acompañarnos y no caminar a solas.

1️⃣ ¿En qué momento empezaste a sentir que la fe te hacía daño?

Tal vez no fue un evento concreto.
Tal vez fue un desgaste lento.

  • ¿Qué cambió en ti en ese proceso?

  • ¿Qué parte de tu vida quedó más vulnerable después?

Nombrarlo en comunidad puede ayudar a desactivar la culpa y recordarnos que no somos lxs únicxs.

2️⃣ ¿Qué culpas o miedos aprendiste dentro de contextos religiosos?

Culpa por dudar.
Por sentir.
Por amar.
Por no encajar.

  • ¿Cuáles de esas culpas sigues cargando aunque ya no te pertenezcan?

  • ¿Cómo se manifiestan hoy en tu cuerpo o en tu forma de creer?

Escuchar a otrxs nos enseña que el daño no fue individual, sino estructural.

3️⃣ Al leer que Dios está "cerca de quienes tienen el corazón hecho pedazos", ¿qué se mueve en ti?

Puede traer alivio.
O desconfianza.
O ambas cosas.

  • ¿Qué parte de ti necesita más cercanía que respuestas?

  • ¿Qué cambiaría si dejaras de justificar lo que te hirió?

Si esta palabra te sostuvo, quizá pueda sostener también a alguien cercano.

4️⃣ ¿Qué necesitaría hoy tu fe para sentirse un poco más segura?

No algo ideal.
Algo posible.

  • ¿Más tiempo?

  • ¿Más silencio?

  • ¿Más comunidad?

  • ¿Menos exigencia?

Esta pregunta será base de la reflexión del próximo encuentro por Zoom. Compartirla nos prepara para caminar juntxs.

No toda herida se cierra rápido.
No toda fe se reconstruye igual.

Pero ninguna herida te expulsa de Dios.

Que puedas nombrar tu dolor sin miedo.
Que no tengas que justificar lo que te hirió.
Que recuerdes, incluso, que cuando la fe duele:

Dios está cerca, incluso más cerca de lo que imaginas, y sobre todo, que no ha sido Él quien te ha herido.